Buenos días, Insiders:
Durante las últimas semanas ha circulado uno de esos titulares que hacen las delicias de internet:
“China limita la compraventa de oro.”
Y claro, leído deprisa, parecía que Pekín había decidido prohibir el oro, cerrar los mercados y mandar a millones de chinos corriendo a por lingotes antes del desayuno.
Un lunes cualquiera en redes sociales. 😏
Pero veamos qué ocurrió realmente.
El pasado 24 de junio, el ICBC —uno de los mayores bancos chinos— anunció que dejaría de ofrecer a clientes particulares determinados servicios de compraventa de metales preciosos vinculados a la Bolsa de Oro de Shanghái.
La fecha límite era el viernes 24 de julio.
Los clientes tuvieron un mes para vender, cerrar posiciones o solicitar la entrega del metal. Además, otros bancos chinos ya habían empezado a retirar productos similares con anterioridad.
¿Y qué productos estaban cerrando?
Principalmente contratos de oro y plata con apalancamiento.
Es decir: productos que permiten controlar una posición bastante mayor que el dinero depositado.
Pones, por ejemplo, 1.000 euros y puedes exponerte a una cantidad de oro valorada en varios miles.
Muy bonito cuando el mercado sube.
Cuando baja, ya no parece tan divertido y empiezan a aparecer llamadas de margen, cierres forzosos y clientes preguntando por qué su inversión “segura” acaba de atropellarles. 😅
Por eso algunos bancos llegaron a exigir márgenes de hasta el 140% y decidieron reducir su exposición a este tipo de operativa minorista.
Pero China no ha prohibido comprar oro.
Los inversores chinos todavía pueden comprar monedas, lingotes, planes de ahorro respaldados por oro y fondos cotizados. La Bolsa de Oro de Shanghái continúa abierta y los futuros siguen negociándose.
Simplemente han cerrado una de las puertas más especulativas del casino.
Y entonces llegó el viernes.
La fecha que, según algunos, iba a provocar una estampida hacia el oro físico, dejar las bóvedas vacías y lanzar el precio hacia la estratosfera.
¿Resultado?
Prácticamente nada.
El oro terminó moviéndose alrededor de los 4.050-4.070 dólares por onza, sin el supuesto apocalipsis alcista que tantos habían anunciado.
¿Por qué?
Porque el mercado ya lo sabía desde hacía un mes.
No fue una sorpresa.
No cerraron todas las posiciones de golpe.
Y los contratos afectados representan solo una parte del mercado chino y una parte todavía menor del mercado mundial.
Mientras tanto, el precio seguía más pendiente del petróleo, los tipos de interés estadounidenses, los rendimientos de los bonos y el dólar.
Vamos, que el oro estaba mirando a la Reserva Federal mientras internet seguía gritando: “¡CHINA!” 📢
Esto no significa que lo sucedido sea irrelevante.
China continúa acumulando metal físico. En junio importó alrededor de 173 toneladas, su mayor volumen mensual desde marzo de 2024, y su banco central añadió aproximadamente 14,9 toneladas a sus reservas.
La tendencia de fondo sigue siendo interesante:
menos entusiasmo por determinados productos apalancados y más interés por metal físico.
Pero una tendencia de fondo no siempre provoca una subida inmediata.
A veces el mercado recibe una noticia importante, la mira durante cinco segundos y responde:
“Sí, ya lo sabía.”
Y sigue tomándose el café. ☕
La lección no es que China no importe.
La lección es que entre un titular espectacular y su impacto real puede existir una distancia considerable.
Especialmente cuando todo el mundo lleva un mes preparado para ello.
Nos leemos mañana,
Jesús — Andorrano Insider
P. D.: Si prefieres cerrar tu posición en esta newsletter antes de que te pidamos un margen del 140%, puedes darte de baja al final del email. Prometemos no enviar al ejército chino a buscarte. 😄
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