Buenos días, Insiders:

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Hoy toca Domingo de historietas. ☕️

Y nos vamos a Japón.

Año 1601.

Tokugawa Ieyasu acaba de imponerse después de décadas de guerras entre señores feudales y tiene un pequeño problema:

Cada uno lleva demasiado tiempo haciendo lo que le da la gana con el dinero.

Así que pone las minas bajo su control y empieza a ordenar el sistema monetario.

El resultado funcionará durante más de dos siglos.

Aunque tenía una peculiaridad.

Japón no tenía una moneda.

Tenía tres sistemas intentando convivir.

🪙 La moneda bonita

Si alguna vez has visto dinero del Japón de los samuráis, seguramente recuerdes el koban.

Una preciosa moneda ovalada de oro.

Un koban valía un ryō.

Y aquí todo parecía bastante ordenado:

1 ryō = 4 bu = 16 shu.

Contabas las monedas y listo.

Pero con la plata la cosa cambiaba.

Porque la plata no se contaba.

Se pesaba.

Las piezas llamadas chōgin y mameita-gin valían según el metal que llevaran. La unidad era el monme, unos 3,75 gramos.

Podías tener diez piezas encima de la mesa y seguir sin saber cuánto dinero tenías.

Necesitabas una balanza.

Y luego estaba el cobre.

En 1636 apareció oficialmente la Kan’ei Tsūhō.

Una moneda.

Un mon.

Oro, plata y cobre.

Tres metales.

Tres maneras de entender el dinero.

⚖️ Y, por supuesto, un tipo de cambio

En 1609 el shogunato fijó:

1 ryō de oro = 50 monme de plata = 4.000 mon de cobre.

Problema resuelto.

Bueno…

Sobre el papel.

Porque en la calle oro y plata se cambiaban al precio que marcaba el mercado.

Y ese precio se movía.

Además, Japón tenía otra curiosidad.

En Edo, actual Tokio, las grandes operaciones solían expresarse en oro.

En Osaka y buena parte del oeste, en plata.

Imagínate llevar la contabilidad de una empresa que opera entre ambas ciudades.

Ahora imagínatelo sin Excel.

💼 Los que vivían del lío

Aquí aparecen mis personajes favoritos de la historia:

los cambistas.

Y hacían bastante más que cambiar monedas.

Aceptaban depósitos.

Prestaban dinero.

Financiaban comerciantes y señores feudales.

Y conseguían mover fortunas de Osaka a Edo…

sin mover una sola moneda.

Los señores vendían en Osaka el arroz que cobraban como impuestos y necesitaban recibir el dinero en Edo.

Mientras tanto, comerciantes de Edo tenían pagos pendientes con Osaka y Kioto.

Los cambistas compensaban unas operaciones con otras.

El metal se quedaba quieto.

Lo que viajaban eran los apuntes.

Y hay un detalle todavía mejor.

Oro y plata podían circular dentro de paquetes de papel sellados.

Fuera figuraban la cantidad, la firma y el sello del cambista que había preparado el paquete.

Pasaban de una persona a otra sin abrirlos.

Nadie comprobaba las monedas.

Comprobaban quién había firmado.

Hace 300 años ya habían descubierto algo bastante moderno:

la confianza también cotiza.

😏 Hasta que el gobierno intentó quitarles el negocio

En 1765 el shogunato tuvo una idea.

Emitió una moneda de plata con un valor fijo escrito encima:

5 monme.

Ya no hacía falta pesarla.

¿Quién crees que se opuso?

Exacto.

Los cambistas.

Buena parte de su negocio estaba precisamente en las fluctuaciones entre oro y plata.

Así que la moneda tuvo poco éxito.

El gobierno aprendió.

Y en 1772 volvió a intentarlo con la Meiwa Nanryō Nishu-gin.

Era de plata.

Pero valía 2 shu, una unidad del sistema del oro.

Y llevaba prácticamente las instrucciones grabadas encima:

8 monedas = 1 koban.

Plata que ya no se pesaba.

Se contaba.

Esta vez el gobierno añadió un pequeño incentivo:

prestó dinero a los propios cambistas para que la pusieran en circulación.

Curiosamente, colaboraron bastante más. 😏

A comienzos del siglo XIX estas monedas ya circulaban por todo Japón.

El sistema funcionaba.

Hasta que Japón abrió la puerta.

🚢 Llegan los extranjeros

En 1858 Japón firma tratados comerciales con Estados Unidos y varias potencias europeas.

Y aparece una cláusula aparentemente inocente:

las monedas comparables se intercambiarían según su peso en metal.

Townsend Harris, el primer cónsul general estadounidense en Japón, llevaba tiempo presionando por ese principio.

El resultado terminó siendo:

1 dólar mexicano de plata = 3 ichibu-gin japoneses.

Y aquí alguien hizo unas cuentas.

En Japón, la relación entre oro y plata rondaba aproximadamente 1 a 5.

En los mercados internacionales estaba cerca de 1 a 15.

Lee otra vez esas dos líneas.

Porque acabas de encontrar una máquina de hacer dinero.

🥇 El truco

Un comerciante extranjero podía hacer esto:

4 dólares mexicanos de plata
↓
12 ichibu-gin
↓
3 koban de oro
↓
sacar esos koban de Japón
↓
vender su oro fuera por unos 12 dólares de plata.

4 se convertían en 12.

No fabricabas nada.

No asumías prácticamente ningún riesgo comercial.

Simplemente comprabas oro donde estaba barato y lo vendías donde estaba caro.

Y ocurrió exactamente lo que imaginas.

El oro empezó a salir de Japón en masa.

En 1860 el shogunato reaccionó reduciendo drásticamente el peso de sus nuevas monedas de oro para acercar la relación oro/plata japonesa a la internacional.

La fuga se frenó.

Pero llegó otro problema.

Se emitió moneda a gran escala para financiar las cuentas del gobierno.

Llegó la inflación.

Y el caos monetario acompañó al shogunato durante sus últimos años.

En 1871 el ryō desapareció.

Nació el yen.

Lo que pesa de verdad

Durante más de dos siglos, el dinero japonés funcionó gracias a monedas de oro, plata pesada en balanzas, cobre, paquetes de papel, libros contables y firmas.

No porque todos los metales valieran lo mismo en todas partes.

Sino porque todos aceptaban las mismas reglas dentro de Japón.

Hasta que apareció alguien de fuera y preguntó:

“Muy bien.

Pero…

¿cuánto pesa realmente ese oro?”

Y en ese momento las reglas locales dejaron de importar.

Porque puedes ponerle a una moneda el nombre que quieras.

Puedes estamparle el valor que quieras.

Puedes aprobar el cambio oficial que quieras.

Pero cuando dos mercados valoran de forma distinta el mismo metal…

el metal acaba viajando hacia donde más pagan por él.

Hace 167 años.

Y también hoy.

Un abrazo,

Jesús — Andorrano Insider

P.D.: Si después de tanto ryō, monme, shu, koban, ichibu-gin y shogunato has acabado más perdido que un samurái haciendo la declaración de la renta, abajo tienes el botón para darte de baja. 😏

P.D. 2: Japoneses no tenemos en la tienda. Ni koban, ni monme, ni shogunes atendiendo al público. Oro y plata, de eso sí tenemos. Puedes echar un vistazo aquí: Tienda Online.

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