Buenos días Insiders.
Domingo de historietas, de esas para leer con café y cero prisas.
Ayer se coló una noticia enorme (la detención de Maduro) y, sin entrar en películas, me dejó pensando en algo que casi nunca sale en los titulares pero lo decide todo cuando un país tiembla: quién es “la autoridad” a efectos prácticos. No el que sale en la tele. El que puede firmar. 🖊️
Y ahí entra la historia de hoy, que es buenísima por lo absurda.
Durante décadas, el Banco Central de Venezuela hizo algo totalmente normal: guardar parte de su oro fuera. Como hacen muchos bancos centrales. ¿Dónde? En Londres, en las bóvedas del Banco de Inglaterra. Esto no es una excentricidad: Londres ha sido el gran centro del oro desde hace siglos. Custodia seria, liquidez, facilidad para swaps, vender rápido si hace falta… lo típico.
Hasta que un día, lo típico dejó de serlo.
En esas bóvedas había alrededor de 31 toneladas de oro venezolano. Oro físico, del de verdad. No “papel oro”. No un ETF. No un apunte contable. Lingotes, identificados, asignados, con su numerito y su “esto es tuyo”. En valor, dependiendo del momento, se habla de algo entre 1.000 y 3.500 millones de dólares.
Y entonces llega el lío político gordo (2018–2019), el mundo empieza a reconocer a una autoridad alternativa, y Venezuela pide algo simple: “devuélveme mi oro” (o déjame usarlo como garantía para operaciones humanitarias).
¿Respuesta del Banco de Inglaterra?
No fue: “no, porque no es tuyo”.
Fue: “no, porque no sabemos quién es el que tiene autoridad legítima para ordenarlo”.
Y aquí está la parte que me fascina: el oro existe, está ahí, perfectamente guardado… pero el problema no es el metal. El problema es la firma.
A partir de ahí, años de tribunales británicos con una situación surrealista: dos juntas, dos “autoridades”, dos versiones oficiales reclamando lo mismo. Y el juez, en el fondo, no está decidiendo sobre lingotes: está decidiendo qué reconocimiento político vale en ese momento. Resultado práctico: el oro no se confisca, no se vende, no desaparece… simplemente se queda congelado. Intocable.
Y mientras tanto, la paradoja: Venezuela ha tenido oro circulando de forma caótica en el Orinoco, oro usado como moneda en regiones enteras, oro saliendo en rutas opacas hacia Turquía o Emiratos… y al mismo tiempo tiene decenas de toneladas quietas, limpias, perfectamente custodiadas en Londres, esperando a que alguien pueda decir legalmente “sí, soy yo, entrégamelo”.
La frase de domingo es esta:
El oro es apolítico… hasta que deja de serlo.
Y tener oro fuera te puede proteger de un problema… a cambio de exponerte a otro: el riesgo de que un día el custodio te diga “sí, es tuyo… pero hoy no puedes usarlo”.
No hace falta ser un banco central para que esto te sirva: es la diferencia entre “tengo exposición” y “tengo acceso”. Entre “lo veo en pantalla” y “lo puedo mover cuando toca”.
P.D. Y si estos correos no son para ti, al final del email te puedes dar de baja cuando quieras: sin drama y sin juicio en Londres.
Un abrazo,
Jesús
Andorrano Insider
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