Buenos días, Insiders:
El otro día quedé con unos amigos para tomar un helado y que los niños jugaran.
Bicicletas.
Pelotas.
Muñecos.
Gritos.
Alguna caída sin consecuencias.
Lo habitual cuando juntas a varios niños y pretendes mantener una conversación de adultos. 😅
En mitad de todo aquello, uno de mis amigos se acercó y me dijo:
—Oye, Jesús… el oro…
Y yo pensé:
Ya estamos otra vez.
El oro vuelve a estar de moda.
Llevábamos unos meses relativamente tranquilos, sin que nadie me preguntara por lingotes durante una barbacoa, una cena o mientras esperaba mi turno en la pescadería.
Pero nada más lejos de la realidad.
Mi amigo no quería hablarme de inversión.
Ni de bancos centrales.
Ni de si el oro iba a subir, bajar o dar tres vueltas sobre sí mismo.
Resulta que en su empresa suministran materiales a artistas, artesanos y restauradores de toda España.
Papel, pinceles, lienzos, herramientas…
Y también:
Pan de oro.
—¿Pan de oro? —le pregunté—. ¿Pero eso todavía se utiliza?
Sí.
Por lo visto, en mi cabeza el pan de oro se había quedado atrapado entre los pasos de Semana Santa y algún retablo del siglo XVIII.
Pero se sigue utilizando para restaurar marcos antiguos, muebles, espejos, esculturas, retablos e iconos religiosos.
También para dorar molduras, elementos arquitectónicos, letras, libros, objetos decorativos y obras de arte contemporáneo.
Vamos, que mientras yo pensaba que era una reliquia del pasado, hay artistas pegando láminas de oro a media España. 😂
Y para los que no lo sepan, el pan de oro suele fabricarse con oro de 22 quilates.
Pero la familia no termina ahí.
También existe pan de plata y pan de cobre.
Vamos, que hay una versión para cada presupuesto y para cada restaurador con ganas de complicarse la vida. 😅
Entonces me contó el problema.
Cada vez que hacen un pedido, el pan de oro cuesta más.
Tienen que revisar los precios prácticamente a diario.
Las fábricas tardan más en servirlo.
Y cada vez resulta más complicado mantener una tarifa estable para sus clientes.
Yo le escuchaba y pensaba:
Esto me suena bastante.
Porque es exactamente lo mismo que llevamos viendo en el mercado de las monedas y los lingotes.
Cuando el precio del oro sube, no solo cambia el número que aparece en una pantalla.
También cambia el coste de fabricar.
El precio de reponer existencias.
Los plazos de entrega.
La capacidad de mantener una oferta.
Y los nervios del que tiene que preparar el presupuesto. 😅
Da igual que el oro termine dentro de una caja fuerte, sobre el marco de un cuadro o decorando la túnica de una figura.
El metal es el mismo.
Y cuando conseguirlo se vuelve más caro o más lento, toda la cadena lo nota.
A veces hablamos del oro como si fuera algo abstracto.
Una gráfica.
Una cotización.
Un activo que sube o baja.
Pero detrás hay fabricantes, comerciantes, restauradores y artesanos que necesitan comprar oro físico para poder seguir trabajando.
Aunque sea en láminas tan finas que un soplido mal dado puede convertir una mañana de trabajo en una búsqueda del tesoro por el taller. 🌬️🥇
Al final, aquel día aprendí dos cosas.
La primera es que el pan de oro sigue utilizándose muchísimo más de lo que imaginaba.
La segunda es que puedes intentar desconectar del trabajo tomando un helado…
Pero el oro siempre acaba encontrándote. 🍦
Jesús – Andorrano
P. D.: Si quieres darte de baja, puedes hacerlo al final del email. Aunque, después de descubrir que hasta existe pan de cobre, quizá merezca la pena quedarse por si la próxima semana aparece el pan de platino. 😅
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