Buenos días Insiders,

Hay metales que hacen ruido.

Y hay metales que hacen su trabajo mientras casi nadie mira.

El platino, ahora mismo, está en el segundo grupo.

Lleva ya cuatro años seguidos en déficit. En 2026 se estima un agujero de 240.000 onzas. Menor que el de 2025, sí, pero sigue siendo déficit. Y cuando sumas lo que viene arrastrando desde 2023, el descuadre acumulado roza ya los 3 millones de onzas.

Traducido al castellano normal: el mercado necesita más platino del que sale. Y lo interesante es que cada vez tiene menos colchón para disimularlo. Los stocks disponibles rondan los 2,613 millones de onzas, es decir, poco más de cuatro meses de demanda global.

Y aquí entra una parte que muchos pasan por alto: más del 70% de la producción mundial sale de Sudáfrica. Y Sudáfrica no está precisamente para regalar tranquilidad: cortes eléctricos, costes altos y minas que necesitan reestructuración. Por si fuera poco, no hay grandes proyectos nuevos en cartera que permitan pensar en una avalancha de oferta a corto plazo. Lo poco que alivia algo la presión viene por el reciclaje, que se espera que suba alrededor de un 10% en 2026.

¿Lo provocador de verdad?

Que todavía hay quien lo sigue tratando como “ese metal raro” del que ya hablaremos otro día.

Perfecto.

Porque muchas veces la oportunidad no llega vestida de tendencia viral.
Llega vestida de bostezo.
De silencio.
De indiferencia general.

Ahora bien, aquí viene la parte que hace que esta tesis sea más seria: no todo en la demanda acompaña.

La demanda total de platino para 2026 se proyecta con una caída de alrededor del 8%, hasta unas 7,619 millones de onzas. Y eso, dicho sin maquillaje, significa que hay segmentos que están flojeando.

En automoción, el capítulo de catalizadores para vehículos de combustión apunta a una caída del 3%. En joyería, el retroceso esperado es del 12%. Y el coche eléctrico de batería sigue haciendo su trabajo silencioso: va erosionando poco a poco la necesidad de metal en los sistemas de escape tradicionales.

Y esto, lejos de romper la tesis, casi la hace más interesante.

Porque si con joyería cayendo, con automoción corrigiendo y con parte de la demanda institucional normalizándose, el mercado sigue en déficit, entonces quizá el problema no era de euforia.

Quizá el problema es de oferta.

Y eso cambia bastante la película.

Porque un mercado débil de verdad no aguanta cuatro años seguidos necesitando más metal del que produce.

Un mercado débil no vacía stocks durante años.

Un mercado débil no se sostiene así.

Y mientras unas patas aflojan, otras empiezan a coger más peso. En lingotes y monedas, la inversión se proyecta (RECUERDA: Una proyección es una estimación, nunca una afirmación) al alza. No parece precisamente la reacción de un mercado muerto.

Además, en el lado industrial hay una parte que merece más atención de la que suele recibir: vidrio y química. Ahí se espera un repunte del 11%, impulsado por expansión de capacidad en China. Es decir: no todo el uso industrial del platino está envejeciendo; hay bolsillos de demanda que siguen muy vivos y que encima aparecen donde muchos no estaban mirando.

Luego está la gran incógnita: el hidrógeno.

No porque vaya a salvarlo todo mañana.
Ni porque haya que usar esa palabra como si fuese una varita mágica.
Sino porque, si esa vía madura de verdad, la demanda ligada a pilas de combustible y electrolizadores podría acercarse a 900.000 onzas anuales hacia 2030.

Eso no es una promesa para esta tarde.

Pero sí es una opción real de largo plazo que el mercado no puede despachar con un encogimiento de hombros.

Con el oro hablamos de protección.
Con la plata, muchas veces, de explosividad.
Y el platino empieza a entrar en una categoría muy interesante: la del activo que ha estado demasiado tiempo infravalorado por pura falta de atención.

Y aquí es donde se separa el ruido de la tesis.

Porque la tesis buena no es “todo va perfecto”.
La tesis buena es otra:
aunque no todo va perfecto,
aunque joyería cae,
aunque automoción se enfría,
aunque el eléctrico sigue mordiendo poco a poco...

el mercado sigue sin estar equilibrado.

Eso es lo que importa.

No hace falta hacer malabares ni ponerse técnico para entenderlo:
si algo escasea durante años,
si la oferta no termina de reaccionar,
si Sudáfrica sigue apretada,
si no aparecen grandes proyectos nuevos,
y si además el metal conserva demanda suficiente como para seguir en déficit incluso cuando varias patas flojean...

lo raro no es que se mueva.

Lo raro sería que no lo hiciera.

¿Eso significa correr como pollo sin cabeza?
No.

Significa mirar con calma algo que quizá el mercado ha tardado demasiado en tomarse en serio.

Y esa, precisamente, suele ser una buena zona para construir confianza:
cuando la tesis no depende del ruido,
sino de la realidad.

Nos leemos mañana,
Pep - Andorrano Insider

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