Buenos días, Insiders:

Hoy os escribo desde Baleares.

Estoy pasando unos días de vacaciones con la familia y, entre playa, comida y algún intento bastante serio de no mirar demasiado el móvil, me acordé de una historia que encaja perfectamente con algo que repetimos mucho por aquí.

Siempre decimos que el oro ha sido valorado por culturas de todo el mundo durante miles de años.

Y es verdad.

Pero hay un pequeño matiz:

No por todas. Y no siempre como nos imaginamos.

Prepara café, que hoy toca Domingo de historietas. ☕

Los hombres que valían más que el oro

Hace más de 2.000 años, Baleares tenía un recurso que medio Mediterráneo quería contratar.

No era oro.

No era plata.

Eran hombres capaces de lanzar una piedra con una honda con una precisión brutal.

Los honderos baleares.

Griegos y romanos hablaban de ellos como auténticos especialistas.

Y su entrenamiento, según cuentan las fuentes antiguas, empezaba pronto.

Muy pronto.

Existe una historia atribuida a Estrabón y Diodoro que dice que las madres baleares colocaban el pan fuera del alcance de sus hijos.

¿Querían comer?

Primero tenían que derribarlo con la honda.

Si fallaban…

Pues parece que ese día tocaba practicar un poco más. 😅

No sabemos hasta qué punto la anécdota debe tomarse literalmente, pero explica bien la fama que llegaron a tener.

Un hondero llevaba tres hondas de diferentes tamaños.

Una para larga distancia.

Otra para distancias medias.

Y otra para objetivos cercanos.

No eran cuatro pastores tirando piedras.

Eran profesionales.

Y Cartago lo sabía.

Aníbal también los quería

Los cartagineses reclutaron honderos baleares durante siglos y los utilizaron en algunas de sus grandes campañas.

También combatieron en los ejércitos de Aníbal durante las guerras contra Roma.

Antes de que chocaran las infanterías, ellos podían encargarse de algo bastante desagradable:

Lanzar una lluvia de piedras y proyectiles contra las líneas enemigas.

Y aquí viene la parte que me hizo pensar en vosotros.

Porque uno podría imaginarse a estos mercenarios volviendo a Baleares cargados de monedas de oro y plata después de cada campaña.

Pero resulta que la historia era bastante más extraña.

“Tu plata está muy bien… pero aquí no me sirve”

Diodoro Sículo cuenta que los habitantes de las islas no utilizaban moneda de oro o plata y que incluso evitaban acumular esos metales.

Cuando algunos de ellos servían como mercenarios para Cartago, no regresaban a casa con su paga metálica.

Según el historiador, se la gastaban en vino y mujeres.

Diodoro también cuenta que en las islas prácticamente no se producía vino y que el aceite de oliva era escaso.

Es decir:

Fuera de Baleares podías pagar a un soldado con plata.

Pero cuando ese soldado volvía a su isla…

Quizás una moneda brillante tenía bastante menos utilidad que aquello que allí escaseaba.

Y esta historia me gusta porque rompe una idea muy sencilla que a veces damos por sentada:

El valor no existe en el vacío.

Depende del lugar.

Del momento.

De la cultura.

Y, sobre todo, de lo que puedes hacer con aquello que tienes.

Hasta que llegó Roma

En el 123 a.C., Roma decidió conquistar las islas.

Y los honderos les dieron una bienvenida bastante balear.

Estrabón cuenta que el general romano Quinto Cecilio Metelo tuvo que proteger las cubiertas de sus barcos con pieles para defender a sus hombres de las piedras que llegaban desde la costa.

Finalmente Roma conquistó las islas.

Metelo se ganó el sobrenombre de Balearicus.

Y aquellos honderos que durante generaciones habían luchado como mercenarios terminaron integrándose en el enorme ejército romano.

Ahí sí.

Dentro de una economía completamente monetizada, el denario de plata ya tenía otro significado.

Y quizá esa sea la parte más interesante de la historia.

El oro no cambió.

La plata tampoco.

Lo que cambió fue el mundo alrededor de ellos.

Hoy estoy aquí, más de 2.000 años después, viendo probablemente las mismas costas desde las que aquellos tipos lanzaban piedras contra barcos romanos.

Y me hace gracia pensar que una de las mejores historias sobre el valor de los metales preciosos empieza precisamente con un pueblo que, durante un tiempo, tenía cosas que valoraba bastante más.

Nos leemos mañana.

Jesús — Andorrano Insider

PD: Si esta historieta te ha parecido más larga que el alcance de una honda balear, puedes darte de baja al final del email. No hace falta acertarle al enlace con una piedra. 🎯

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