Buenos días, Insiders,
Hoy vamos con una idea que suena técnica, pero es bastante sencilla:
La deflación no siempre es mala.
Nos han acostumbrado a escuchar “deflación” y pensar en crisis, paro, empresas cerrando y gente dejando de consumir.
Y sí, esa deflación existe.
Si los precios bajan porque nadie compra, las empresas no venden y la economía se enfría… mal asunto.
Pero hay otra deflación muy distinta.
La buena.
La que llega porque producimos mejor, más rápido y más barato.
Piensa en un móvil.
Hace 25 años necesitabas una cámara, un GPS, un ordenador, una agenda, un reproductor de música, una linterna y un mapa.
Hoy todo eso cabe en el bolsillo.
Eso es productividad.
Y, en teoría, cuando la productividad mejora, tu dinero debería comprar más.
La vida debería volverse más barata.
El problema es que nuestro sistema monetario no está diseñado para disfrutar demasiado de esa deflación buena.
Vivimos en un sistema fiat lleno de deuda.
Gobiernos endeudados.
Empresas endeudadas.
Familias endeudadas.
Bancos que viven del crédito.
Todo el sistema pedaleando en una bicicleta que no puede parar.
Y a un sistema tan endeudado no le gusta que el dinero gane valor.
¿Por qué?
Porque si debes 100.000 euros, sigues debiendo 100.000 euros.
Pero si cada euro compra más, esa deuda pesa más.
En cambio, con inflación pasa lo contrario.
El dinero pierde valor poco a poco y la deuda se vuelve más llevadera en términos reales.
Por eso el sistema necesita inflación.
No porque sea maravillosa para ti.
Sino porque ayuda a que la montaña de deuda no se vuelva insoportable.
Y aquí viene la contradicción:
La tecnología debería abaratar muchas cosas.
Pero el sistema monetario empuja en dirección contraria.
Se crea más dinero.
Suben los activos.
Suben las casas.
Suben las bolsas.
Suben muchas cosas que ya poseían quienes tenían patrimonio.
Mientras tanto, el ciudadano medio siente algo muy raro:
“Trabajo, el mundo es más eficiente, todo está más avanzado… pero cada vez cuesta más ahorrar y construir patrimonio”.
No es solo una sensación.
Cuando el dinero pierde poder adquisitivo, ahorrar en dinero se convierte en una carrera cuesta arriba.
Guardas euros, pero esos euros compran menos con el tiempo.
Y entonces, casi sin decirlo, te obligan a jugar al juego de los activos.
Acciones.
Inmuebles.
Empresas.
O activos reales.
Aquí entran el oro y la plata.
No porque sean mágicos.
No porque suban todos los días.
No porque tengan una app moderna con gráficos bonitos.
Sino por algo mucho más aburrido e importante:
No se pueden imprimir.
El oro no aparece porque un banco central pulse un botón.
La plata tampoco.
Hay que encontrarla, extraerla, refinarla y custodiarla.
Cuesta tiempo, energía y trabajo.
Y en un mundo donde el dinero se puede crear con facilidad, lo difícil de crear empieza a tener otro papel.
La idea de hoy no es dramática.
Es simple.
La deflación buena debería beneficiarnos.
Pero un sistema fiat sobreendeudado necesita inflación para sobrevivir.
Y si el dinero que usamos está diseñado para perder poder adquisitivo poco a poco, tiene sentido preguntarse:
¿Qué parte de mi patrimonio quiero tener en algo que no puedan crear de la nada?
Nos leemos mañana,
Pep - Andorrano Insider
P.D. Si después de este email te apetece guardar euros debajo del colchón, revisa primero que el colchón no tenga inflación también. Y si aun así quieres salir corriendo, puedes darte de baja al final del email. Sin rencores y sin imprimir excusas.
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