Buenos días, Insiders:
Hay algo curioso en cómo hablamos de inteligencia artificial.
Decimos que está en “la nube”.
Como si ChatGPT, los modelos de IA y todos esos millones de cálculos ocurrieran en algún lugar mágico, flotando por encima de nuestras cabezas.
Pero la nube tiene bastante poco de nube.
Son edificios.
Gigantescos.
Llenos de servidores, discos duros, semiconductores, conexiones, sistemas eléctricos y equipos de respaldo.
Y todo eso necesita materiales.
Muchos materiales.
Entre ellos, algunos que probablemente no asociarías nunca con la inteligencia artificial.
Como el platino.
Y aquí es donde la historia se pone interesante.
Hace unos días, UBS decía que las perspectivas a medio plazo para los metales del grupo del platino están mejorando.
¿Los motivos?
Oferta primaria limitada.
Años de reestructuración minera.
Y una demanda de vehículos híbridos que está aguantando bastante mejor de lo que muchos esperaban.
Hasta aquí, más o menos, conocemos la historia.
Durante años el mercado ha dado por hecho que el crecimiento del coche eléctrico acabaría reduciendo progresivamente la demanda de platino, paladio y rodio para catalizadores.
Tiene lógica.
Un eléctrico puro no necesita catalizador.
Pero hay un pequeño problema:
el futuro no está llegando exactamente a la velocidad que habíamos puesto en el Excel.
Los híbridos siguen creciendo.
Siguen teniendo motor de combustión.
Y siguen necesitando PGMs.
Johnson Matthey incluso señala que los cambios regulatorios y la expansión de híbridos enchufables y vehículos eléctricos con extensor de autonomía podrían prolongar el uso de autocatalizadores.
Pero eso no es lo que más me llamó la atención.
Lo interesante está en otro sitio.
🤖 Resulta que la IA también quiere su parte
Valterra, uno de los mayores productores de platino del mundo, calcula que las aplicaciones relacionadas con inteligencia artificial ya podrían estar generando entre 200.000 y 400.000 onzas anuales de demanda de PGMs.
Y su CEO cree que esa cifra podría multiplicarse hasta cinco veces de aquí a 2030.
Ojo.
Es una estimación de un productor de platino.
No una profecía escrita en piedra.
Pero incluso él reconocía algo bastante revelador:
hace apenas dos años, la IA prácticamente ni aparecía en sus previsiones.
Y ahora están estudiando cuánto metal puede llegar a necesitar.
La pregunta evidente es:
¿Qué demonios pinta el platino en un centro de datos?
Más de lo que parece.
Los discos duros utilizados para almacenar enormes cantidades de información emplean platino y otros PGMs en sus capas magnéticas.
Johnson Matthey espera que la expansión de centros de datos lleve en 2026 la demanda de PGMs para almacenamiento a niveles especialmente elevados, y señala concretamente al platino y al rutenio como materiales críticos en esas capas magnéticas.
Pero hay más.
El World Platinum Investment Council identifica aplicaciones relacionadas con IA en semiconductores, sensores, circuitos impresos, almacenamiento de datos, conexiones ópticas y otros componentes de la infraestructura digital.
Y después está probablemente el problema más grande de todos:
la electricidad.
Los centros de datos necesitan una barbaridad de energía.
Pero además necesitan algo todavía más importante:
que esa energía no se corte.
Por eso se están desarrollando sistemas de respaldo con pilas de combustible de hidrógeno.
¿Y qué utilizan muchas de esas pilas de combustible?
Platino.
Ya se han realizado incluso pruebas para alimentar centros de datos de varios megavatios mediante este tipo de sistemas.
Es decir:
Procesamos más datos.
Necesitamos almacenarlos.
Construimos más centros de datos.
Fabricamos más electrónica.
Necesitamos más electricidad.
Y necesitamos sistemas que garanticen que esos centros de datos sigan funcionando.
La IA parece digital.
Pero detrás hay acero, cobre, plata, platino, energía y minas.
Y aquí está la reflexión que me parece interesante.
Durante años hemos mirado al platino preguntándonos:
“¿Cuánta demanda va a destruir el coche eléctrico?”
Quizá también deberíamos empezar a preguntar:
“¿Qué nuevas demandas estamos todavía infravalorando?”
Porque mientras una industria puede consumir menos metal de lo previsto…
otra que hace dos años prácticamente no aparecía en las previsiones puede empezar a necesitarlo.
Esto no significa que la IA vaya a disparar mañana el precio del platino.
Ni mucho menos.
De hecho, Johnson Matthey sigue esperando que la demanda total de platino caiga este año, aunque también prevé que el mercado permanezca en déficit por cuarto año consecutivo.
Pero ahí está precisamente lo interesante.
Una oferta difícil de aumentar.
Los híbridos resistiendo más de lo previsto.
Y nuevas fuentes de demanda apareciendo por lugares que hace poco ni siquiera estábamos mirando.
🥇 ¿Y el oro y la plata?
Cuando hablamos de IA solemos intentar adivinar qué empresa ganará.
NVIDIA.
Microsoft.
Google.
OpenAI.
La que sea.
Pero hay otra forma de mirar la revolución tecnológica:
preguntarse qué necesitarán absolutamente todas ellas, gane quien gane.
Electricidad.
Infraestructura.
Semiconductores.
Servidores.
Y materiales físicos.
La plata ya nos está enseñando algo parecido con la electrificación, la energía solar y la electrónica.
Quizá el platino empiece a contarnos ahora otra versión de la misma historia.
Porque por muy digital que sea nuestro futuro…
todavía no hemos aprendido a imprimir metales con código.
Y quizá esa sea una de las grandes paradojas de esta revolución:
cuanto más virtual parece el mundo,
más importante se vuelve todo aquello que solo podemos sacar de la tierra.
Nos leemos mañana,
Pep — Andorrano Insider
PD: Si después de esto vuelves a escuchar “la nube” y te imaginas un servidor rodeado de platino en vez de algodoncitos blancos, ya te hemos fastidiado el concepto para siempre. 😅 Y si prefieres desaparecer tú de nuestra nube, puedes darte de baja al final del email.
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