Buenos días, Insiders:

El miércoles pasado cogí el teléfono de atención al cliente en la ofi.

Al otro lado había un cliente que había recibido uno de esos correos nuestros que no hacen especial ilusión.

Había una incidencia con su pedido.

Concretamente, un conflicto entre la persona que había realizado el pedido y la que había hecho el pago.

Os explico.

En Andorrano somos bastante estrictos con esto: la persona que hace el pedido tiene que ser la misma que lo paga.

No puedes comprar oro con tu usuario y tu DNI y que después haga la transferencia tu primo, tu vecino o tu amigo del pádel.

¿Por qué?

Porque la factura se emite a nombre de quien paga y necesitamos que todo cuadre.

Sí, ya lo sé.

Somos unos pesados.

Pero cuando trabajas con metales preciosos, hay cosas con las que no podemos hacer la vista gorda.

El caso es que este cliente tenía un problema de lo más habitual.

Uno de sus hijos había realizado el pedido desde su propia cuenta porque su padre no podía hacerlo en ese momento.

Y el padre, como es lógico, lo había pagado.

Nada especialmente grave. Una de esas incidencias que, cuando nos explican qué ha pasado, solucionamos en un momento.

Pero mientras estábamos arreglando el asunto, ocurrió algo que pasa a menudo.

El cliente me reconoció por la voz.

Empezamos a hablar y me fue dando algunas pistas sobre él, su familia, sus hijos e hijas marineros...

Hasta que de repente caí.

¡Pero si ya sabía perfectamente quién era!

¡Dídac!

Un abrazo para ti y para toda la familia, se que sois Insiders.

Lo que había empezado como una llamada para resolver un problema administrativo acabó convirtiéndose en una charla de esas que te alegran el día.

Hablamos un rato.

Y pensé que ahí terminaría la historia.

Pero no.

Esa misma semana, Dídac apareció por nuestras instalaciones acompañado de su hija para recoger el pedido.

Cuando me enteré de que estaban allí, salí a saludarlos.

Y pudimos continuar en persona aquella conversación que habíamos empezado por teléfono y abrimos nuevos melones:

De la escasez del oro y de la plata, de lo difícil que resulta recuperar estos metales una vez utilizados y de la importancia que tendrá su reciclaje en el futuro.

Vamos, que lo que tenía que ser una simple recogida de un pedido acabó convirtiéndose en una buena charla sobre metales preciosos.

Pero loo que más me gustó de todo aquello fue ver lo que ese padre había conseguido transmitir a sus hijos.

Un padre puede regalarle a su hijo una moneda de oro.

Puede incluso dejarle una colección entera en herencia.

Pero conseguir que sus hijos compartan su pasión por los metales preciosos...

Eso es otra historia.

Porque una cosa es heredar oro y otra muy distinta es heredar el interés por él.

Y eso no se consigue simplemente comprando monedas.

Se consigue hablando. Explicando. Compartiendo experiencias.

Enseñándoles por qué haces las cosas, qué valor tienen y qué significa pensar más allá del próximo mes.

A veces estamos tan pendientes del precio de la onza, de las primas, de los pedidos y de que coincidan los dichosos datos bancarios, que nos olvidamos de algo.

Detrás de cada pedido hay una persona.

Y muchas veces, detrás de esa persona, hay una historia familiar que merece la pena conocer.

La de Dídac es una de ellas.

Y me recordó que hay algo mucho más valioso que regalar una moneda o dejar unos lingotes en herencia.

Conseguir que la siguiente generación entienda su valor y comparta esa pasión.

Aunque por el camino tengan que aguantar nuestros correos de incidencias y algún que otro trámite burocrático. 😂

Graciès , Dídac y enhorabuena por haber conseguido algo que, en mi opinión, vale muchísimo más que cualquier lingote.

Nos leemos mañana,

Pep — Andorrano Insider

PD: Si después de descubrir lo pesados que somos con los DNI y las transferencias también quieres librarte de mis emails, puedes darte de baja al final del correo. Tranquilo, para eso no te pediremos que el titular de la cuenta coincida con el del pedido. 😂

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