Buenos días, Insiders ☕️
Esta noche, a las 21:00, España y Argentina disputan la final de la Copa del Mundo.
Y antes de continuar, conviene aclarar una cosa:
aquí se va con España. 🇪🇸
Sin neutralidad.
Sin medias tintas.
Y sin eso de “que gane el mejor”, porque todos sabemos perfectamente quién queremos que sea el mejor esta noche.
Pero antes de que ruede el balón, merece la pena detenerse en el objeto que todos mirarán al terminar el partido.
La copa.
Brillante.
Elegante.
Impecable.
Aunque su historia tenga guerras, robos, escondites absurdos y un perro convertido en héroe nacional.
París, finales de los años veinte
En un taller francés, el escultor Abel Lafleur daba forma a una pequeña figura femenina inspirada en Niké, la diosa griega de la victoria.
El sonido del metal llenaba la habitación.
Tac. Tac. Tac.
Aquella primera Copa del Mundo medía unos 35 centímetros, pesaba aproximadamente 3,8 kilos y parecía estar hecha de oro.
Parecía.
Porque en realidad era de plata de ley recubierta de oro.
Por fuera, gloria mundial.
Por dentro, plata.
Algo así como aparecer en Instagram desayunando en Mónaco y luego cenar tortilla francesa para cuadrar las cuentas 😏
En 1930, la copa viajó a Uruguay.
Allí fue levantada por primera vez después de que la selección anfitriona derrotara, precisamente, a Argentina.
No es por señalar precedentes históricos…
Pero ahí queda el dato. 🇪🇸
Italia, en plena guerra
Años después, Europa dejó de pensar en fútbol.
La Segunda Guerra Mundial había comenzado y la copa permanecía en Italia.
Los nazis requisaban obras de arte, metales preciosos y objetos de valor.
Y aquel trofeo cumplía bastantes requisitos para llamar su atención.
Ottorino Barassi, dirigente de la federación italiana, decidió actuar.
Sacó la copa de la caja de seguridad de un banco.
La llevó a su casa.
La metió en una caja de zapatos.
Y la escondió debajo de la cama.
Ni cámaras.
Ni escoltas.
Ni sensores de movimiento.
Una caja de zapatos y a correr. 👞
Mientras media Europa ardía, el mayor símbolo del fútbol mundial permanecía oculto entre polvo, oscuridad y, probablemente, algún calcetín perdido.
Y funcionó.
La copa sobrevivió a la guerra.
Londres, 1966
Veinte años después, el trofeo estaba expuesto en Londres antes del Mundial de Inglaterra.
Había guardias.
Había vigilancia.
Había seguridad.
Y desapareció igualmente.
La policía británica comenzó a buscarlo por todo el país.
Llegó una petición de rescate.
Detuvieron a un sospechoso.
Los periódicos publicaron la noticia en portada.
La FIFA empezó a ponerse nerviosa.
Pero la copa no aparecía.
Siete días más tarde, un hombre llamado David Corbett salió a pasear con su perro.
El animal se llamaba Pickles. 🐶
Al pasar junto a un seto, Pickles comenzó a olfatear un paquete envuelto en papel de periódico.
Su dueño lo abrió.
Dentro estaba la Copa del Mundo.
La policía llevaba una semana buscándola.
Pickles necesitó un paseo.
El perro recibió una medalla, apareció en televisión y fue invitado a varios actos oficiales.
Meses después, Inglaterra ganó el Mundial.
Bobby Moore levantó la copa en Wembley.
Aunque, siendo justos, el primer héroe inglés de aquel campeonato tenía cuatro patas.
Brasil, 1970
La FIFA había establecido una norma:
el primer país que ganara tres Mundiales podría conservar la copa para siempre.
Brasil conquistó el tercero en 1970, con Pelé al frente, y se llevó el trofeo definitivamente.
Pasó a exhibirse en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río de Janeiro.
Estaba dentro de una vitrina con cristal antibalas.
Parecía segura.
Solo había un pequeño detalle.
La parte trasera era de madera.
Cristal antibalas por delante.
Madera por detrás.
Una protección excelente siempre que el ladrón tuviera la educación de entrar de frente.
En diciembre de 1983, varios hombres accedieron al edificio, forzaron la vitrina y se llevaron la copa.
Nunca volvió a aparecer.
La versión más extendida sostiene que fue fundida y vendida como metal.
Décadas de historia.
Tres títulos de Brasil.
Las manos de Pelé.
Todo destruido para recuperar una cantidad relativamente pequeña de oro y plata.
Los ladrones vieron el metal.
Pero no entendieron el valor.
Entonces nació la copa actual
Después de que Brasil ganara definitivamente el antiguo trofeo, la FIFA necesitaba otro.
El escultor italiano Silvio Gazzaniga diseñó la copa que conocemos hoy.
Dos figuras humanas elevándose para sostener el planeta.
Mide 36,8 centímetros.
Pesa 6,175 kilos.
Y está elaborada en oro de 18 quilates, con dos bandas de malaquita verde en la base.
Eso significa que contiene un 75 % de oro puro.
No se utiliza oro de 24 quilates porque sería demasiado blando y podría deformarse.
Y tampoco es un bloque compacto.
De serlo, pesaría varias decenas de kilos y levantarla después de una final requeriría más gimnasio que fútbol.
La copa es realmente de oro.
Pero desde 2006 los campeones solo pueden tocarla durante la ceremonia.
Después deben devolverla.
La federación ganadora recibe una réplica de latón recubierta de oro.
Sí.
El equipo gana el Mundial, levanta la buena unos minutos y luego se lleva la copia.
Hasta la FIFA sabe que el oro no se presta demasiado tiempo. 😏
Y esta noche…
Esta noche, a las 21:00, la copa volverá a esperar en el estadio.
Los focos estarán encendidos.
Las cámaras apuntarán hacia ella.
España y Argentina pelearán durante noventa minutos.
Quizá más.
Y al final, un capitán caminará hacia el palco, extenderá los brazos y levantará algo que pesa poco más de seis kilos…
pero que carga con casi un siglo de historias.
Guerras.
Robos.
Victorias.
Derrotas.
Un escondite debajo de una cama.
Y un perro llamado Pickles.
El oro tendrá su valor.
La malaquita también.
Pero esta noche solo importará una cosa:
que termine en manos de España. 🇪🇸🏆
Ahora queda hacer la porra:
¿Resultado de la final?
Nosotros lo tenemos claro.
España campeona.
Y Argentina, desde mañana, vuelve a caernos estupendamente.
Un abrazo,
Jesús – Andorrano Insider
P. D. Si alguien quiere darse de baja, puede hacerlo al final del correo. Hoy no habrá represalias… salvo que pronostique una victoria argentina. Ahí ya no prometemos nada 😄
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