Buenos días Insiders,

Estos días está pasando algo curioso en Francia.

El gasóleo se ha disparado hasta niveles récord y empiezan a verse estaciones con problemas puntuales de suministro.

No es una película apocalíptica.

Ni Francia se ha quedado sin combustible.

Pero basta con que unas cuantas gasolineras tengan problemas para que ocurra algo muy humano:

la gente empieza a preocuparse.

Y esto me ha hecho pensar en una cosa que hace unos años probablemente habría considerado exagerada.

La famosa mochila de emergencia.

Agua.

Una linterna.

Una radio.

Medicamentos.

Algo de comida.

Baterías.

Un poco de efectivo.

Documentación.

(oro o plata)

Lo suficiente para poder apañarte durante unas horas o unos días si algo deja de funcionar como esperabas.

Lo interesante es que preparas esa mochila con una esperanza bastante peculiar:

no tener que utilizarla nunca.

Y precisamente por eso tiene sentido tenerla antes.

Porque cuando necesitas una linterna no es el momento de descubrir que no tienes pilas.

Cuando necesitas efectivo no es el momento de buscar un cajero.

Y cuando todo el mundo quiere llenar el depósito…

probablemente tampoco sea el mejor momento para ir a buscar gasóleo.

Con el oro ocurre algo parecido.

Mucha gente piensa en comprar oro cuando aparece el miedo.

Cuando hay una guerra.

Cuando la inflación aprieta.

Cuando una moneda se tambalea.

Cuando los mercados hacen cosas raras.

Cuando empiezan a salir titulares que inquietan.

Pero quizá esa sea justamente la forma equivocada de entenderlo.

El oro no debería ser el extintor que sales corriendo a comprar cuando hueles a quemado.

Debería ser el que ya estaba colgado en la pared.

Y ojalá acumule polvo durante años.

Porque tener una parte de tu patrimonio en oro físico no significa vivir esperando una catástrofe.

Significa aceptar algo bastante más sencillo:

no controlamos todo lo que puede ocurrir.

Podemos confiar en que mañana las gasolineras funcionarán.

Que nuestra tarjeta funcionará.

Que habrá electricidad.

Que los mercados abrirán.

Que nuestro banco responderá.

Y lo normal es que así sea.

Pero prepararse no consiste en apostar a que algo saldrá mal.

Consiste en intentar que, si algo sale mal, no tengas que improvisarlo todo ese mismo día.

Por eso me gustan tan poco los discursos apocalípticos alrededor del oro.

No hace falta pensar que el mundo se acaba para tener oro.

Igual que no hace falta pensar que tu casa va a arder para tener un extintor.

Ni esperar un apagón para guardar una linterna.

Ni creer que Francia se va a quedar sin una gota de gasóleo para procurar no circular siempre con el depósito en reserva.

Al final, una mochila de emergencia, un depósito con combustible y unas monedas de oro tienen algo en común:

compran margen.

Margen para decidir.

Margen para esperar.

Margen para no tener que hacer lo mismo que todo el mundo justo cuando todo el mundo decide hacerlo a la vez.

Y ese margen, para mí, tiene un nombre mucho más interesante que “miedo”.

Tranquilidad.

Jesús - Andorrano Insider

P. D. Si quieres darte de baja, puedes hacerlo al final del email. Eso sí: la linterna, el agua y las pilas te las tienes que sacar tú de la mochila. 😄

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