Buenos días, Insiders:
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Hoy toca Domingo de historietas. ☕️
Y la de hoy tiene de todo:
Oro.
Poder.
Una derrota incómoda.
Y una cortina de humo política.
Vamos, que han pasado más de 400 años… pero tampoco hemos cambiado tanto.
🪙 Segovia, marzo de 1609
La historia empieza aquí.
En la primera semana de marzo de 1609, Juan de Ibarra, secretario de Felipe III, envía una orden al Real Ingenio de la Moneda de Segovia:
Hay que acuñar 10,35 kilos de oro.
Sin señoreaje.
Es decir, sin pagar el impuesto habitual.
El oro era del propio rey.
No pasaba por Hacienda.
No lo financiaba nadie.
Era patrimonio del monarca convertido directamente en mensaje.
Y no era una ceca cualquiera.
El Real Ingenio era la fábrica personal del rey, diseñada por Juan de Herrera —el mismo arquitecto de El Escorial— y equipada con una maquinaria austríaca que ninguna otra ceca del mundo tenía.
Rodillos de laminación.
Precisión mecánica.
Monedas prácticamente imposibles de fabricar a martillo.
Era la ceca más moderna del mundo.
Allí trabajaba Diego de Astor, un joven grabador flamenco de solo 24 años, nombrado grabador oficial apenas unos meses antes.
Recibió el encargo de crear algo nunca visto.
Una moneda capaz de decir, sin pronunciar una palabra:
España sigue mandando.
🎭 El año en que todo era mentira
1609 parecía un año fantástico para España.
Llegaba oro de América.
Lope de Vega llenaba los teatros.
Cervantes ya había publicado el Quijote.
El Imperio irradiaba poder.
Al menos desde lejos.
Porque el 9 de abril de 1609, apenas unas semanas después de aquella orden, Felipe III firmó la Tregua de los Doce Años con las Provincias Unidas.
Traducido:
España reconocía oficialmente como Estado a aquel grupo de rebeldes flamencos contra el que llevaba décadas luchando.
Una derrota política.
Una humillación.
Y una herencia bastante incómoda después de que Felipe II hubiese gastado fortunas —y endeudado al país— intentando evitar precisamente eso.
¿La respuesta de Felipe III?
El mismo día firmó el edicto de expulsión de los moriscos.
Una decisión brutal.
Y una cortina de humo perfecta para cambiar los titulares.
Ya ves.
Las cortinas de humo no las inventaron las redes sociales.
Antes no había tendencias en X, pero los reyes también sabían cómo conseguir que se hablara de otra cosa.
🏛️ Segovia, otoño de 1609
Meses después, Felipe III viaja al Real Ingenio de Segovia.
No va simplemente a visitar la fábrica.
Va a recibir las monedas que había encargado en marzo.
Y lo que le entregan no se parece a nada acuñado antes en Europa.
El resultado es el centén.
Una moneda descomunal:
338 gramos de oro.
7,5 centímetros de diámetro.
22 quilates.
100 escudos en una sola pieza.
La moneda de oro más grande acuñada en Europa hasta entonces.
Una pieza diseñada para impresionar.
Y también para regalar.
Porque los mandatarios siempre se han intercambiado obsequios cuidadosamente elegidos.
Antes eran enormes monedas de oro.
Ahora hay fotografías, apretones de manos y regalos diplomáticos que nadie sabe muy bien dónde terminan guardados ni como han llegado hasta ahí.
Cambia el envoltorio.
El poder sigue hablando en símbolos.
👑 Acuñar el poder que empezaba a resquebrajarse
En el anverso aparecía el escudo de la Monarquía Hispánica con sus territorios:
Castilla, León, Aragón, las Dos Sicilias, Austria, Borgoña, Portugal, Flandes, el Tirol…
Un currículum imperial grabado en oro.
Quien supiera leer aquel escudo entendía el mensaje:
Seguimos siendo los que mandan.
Aunque, casualmente, acabasen de reconocer que no mandaban tanto.
En el reverso aparecían la Cruz de Jerusalén, la leyenda HISPANIARVM REX y el año:
1609.
Felipe III ni siquiera puso su retrato.
Siguió la tradición medieval:
El hombre desaparecía detrás del cargo.
La moneda no hablaba de Felipe.
Hablaba de la Corona.
Del poder que, supuestamente, sobrevivía a cualquier rey, derrota o tratado incómodo.
⚖️ Una moneda nacida fuera de la ley
El centén era técnicamente ilegal.
La Pragmática de Nueva Estampa de 1566, que regulaba la acuñación española, no contemplaba monedas de aquel tamaño ni de aquel valor.
Tampoco existe un documento de la época que explique claramente su creación.
Solo podía fabricarse con autorización directa del rey.
Y únicamente en Segovia, porque ninguna otra ceca tenía la tecnología necesaria.
El centén existía porque Felipe III quería que existiera.
Sin más norma que su voluntad.
Probablemente, la definición más exacta del absolutismo que cabe en 338 gramos de oro.
🔨 Ginebra, noviembre de 2025
El único centén de 1609 que se conserva fue subastado el 24 de noviembre de 2025.
Precio de salida:
Dos millones de francos suizos.
Precio final:
2.300.000 CHF, aproximadamente tres millones de euros.
Se convirtió en la moneda europea de la Edad Moderna más cara vendida en una subasta pública.
Cuatro siglos después, el mensaje de Felipe III sigue funcionando.
La derrota quedó medio olvidada.
La moneda, no.
Porque los discursos desaparecen.
Las cortinas de humo terminan levantándose.
Pero cuando el poder decide grabar su relato en oro…
la historia suele conservarlo bastante bien.
Un abrazo,
Jesús — Andorrano Insider
P.D.: Si después de esta historia decides darte de baja, puedes hacerlo al final del email. Felipe III habría organizado una cortina de humo para que no encontraras el botón… nosotros preferimos dejarlo a la vista. 😏
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