Buenos días, Insiders:
Hoy es la primera vez que hablamos de rutenio e iridio.
Y antes de que alguien saque la tarjeta pensando que hemos añadido una sección secreta a la tienda, conviene aclarar algo:
No vendemos ningún producto fabricado con estos metales.
Tampoco sabemos exactamente cómo se compran, cómo se venden ni qué mercados utiliza quien opera con ellos.
Nosotros somos más de oro, plata y, de vez en cuando, algo de platino o paladio.
Lo nuestro son las monedas, los lingotes y los metales que puedes coger con la mano sin necesitar un doctorado en química aplicada. 😅
Pero ha caído en nuestras manos un informe sobre rutenio e iridio y nos ha parecido demasiado interesante como para guardarlo en un cajón.
Porque estos dos metales, prácticamente desconocidos para el público, podrían convertirse en dos de los grandes cuellos de botella de la era de la Inteligencia Artificial.
Y aquí es donde empieza lo bueno.
La producción minera mundial es minúscula:
Entre 872.000 y 915.000 onzas de rutenio al año.
Entre 231.000 y 249.000 onzas de iridio.
Para ponerlo en contexto, no existen minas dedicadas exclusivamente a producirlos.
Aparecen como subproductos de la minería del platino y el paladio.
Es decir:
aunque mañana su precio se dispare, no puedes abrir una nueva mina de iridio y empezar a sacar toneladas.
La oferta depende de que resulte rentable extraer platino y paladio.
El rutenio y el iridio van en el asiento trasero.
Pueden protestar, pueden subir de precio y pueden tocar el claxon…
Pero no deciden hacia dónde va el coche. 🚗
Durante años, de hecho, las compañías mineras tuvieron dificultades incluso para colocarlos.
Algunas acumulaban inventario.
Otras los vendían junto con platino y paladio.
Y otras obligaban contractualmente a sus clientes a comprar una cantidad mínima de estos metales secundarios.
Algo parecido a cuando pides el menú y te incluyen una ensalada que nadie había solicitado.
La diferencia es que ahora todo el mundo empieza a querer la ensalada.
El rutenio se ha subido al tren de la IA
El rutenio tiene dos propiedades especialmente valiosas:
una conductividad eléctrica elevada y una estabilidad química extraordinaria.
Por eso aparece en componentes relacionados con:
Centros de datos e infraestructura para IA.
Electrónica de potencia.
Vehículos eléctricos.
Sistemas avanzados de almacenamiento de datos.
Durante 2025, su precio subió más de un 160%, impulsado por la compra de componentes de alto valor con un contenido elevado de rutenio.
Los fabricantes, evidentemente, ya están buscando maneras de utilizar menos cantidad por componente.
Cuando una materia prima sube un 160%, los ingenieros descubren de repente que siempre se podía adelgazar un poco la capa. Qué casualidad. 😏
Pero hay un problema:
Aunque cada dispositivo utilice menos rutenio, la cantidad de datos que generan y almacenan los centros de IA continúa creciendo a un ritmo descomunal.
Por eso, pese al ahorro por unidad, el mercado sigue estructuralmente tensionado.
Y luego está el iridio…
Aquí la historia es todavía más delicada.
La fabricación de determinados cristales de alta pureza utilizados en hardware avanzado necesita temperaturas superiores a 2.400 °C.
A esas temperaturas no sirve cualquier recipiente de cocina.
Actualmente, el único material realmente adecuado para fabricar ciertos crisoles es el iridio, gracias a su enorme resistencia al calor y a la oxidación.
El inconveniente es que esos crisoles se van deteriorando con el uso.
Es decir, el iridio no es solo una pieza de la maquinaria:
es un consumible.
Cuanto más hardware de IA se fabrique, más iridio será necesario.
Y cuanto más iridio se necesite, más evidente será el problema:
no hay suficiente y la producción minera apenas puede reaccionar.
La salida no parece estar en producir mucho más, sino en:
reutilizar, reducir, recuperar y reciclar mejor.
El reciclaje podría aumentar con los precios, recuperando metal de bujías, electrodos, equipos industriales o aplicaciones médicas.
Pero desarrollar esos circuitos lleva tiempo.
Y la IA, como ya sabemos, no destaca precisamente por su paciencia.
La conclusión del informe es bastante sencilla:
el mundo quiere construir una infraestructura tecnológica gigantesca utilizando algunos materiales cuya oferta es diminuta, rígida y prácticamente imposible de acelerar.
No sabemos si algún día compraremos rutenio o iridio.
Seguramente no.
Pero sí sabemos reconocer una dinámica que hemos visto muchas veces en otros metales:
cuando la demanda puede crecer rápido y la oferta no puede reaccionar, merece la pena prestar atención.
Aunque solo sea para recordar que detrás de cada nube, cada algoritmo y cada promesa de Inteligencia Artificial…
siempre hay una mina, una refinería y un metal del que casi nadie había oído hablar.
Nos leemos mañana,
Jesús — Andorrano Insider
P. D.: Si después de leer “rutenio”, “iridio” y “crisol a 2.400 grados” has decidido que ya tenías suficientes metales en tu vida, puedes darte de baja al final del email. Prometemos no obligarte a llevarte una onza de rutenio con la despedida. 😄
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