Buenos días, Insiders:
En el oro, no basta con tener el metal.
También importa poder demostrar de dónde viene.
Resulta que cientos de millones de dólares en oro venezolano han llegado a Estados Unidos…
Y una parte sigue ahí.
Parada.
Sin refinar.
Sin vender.
Esperando.
¿Por qué?
Porque varias refinerías no quieren tocarlo hasta tener suficientemente claro su origen y poder cumplir sus estándares de abastecimiento responsable.
Estamos hablando de operaciones enormes.
Uno de los primeros envíos rondaba los 100 millones de dólares (unos 88,3 millones de euros).
No son cuatro monedas encontradas en el cajón del abuelo.
😅
Pero el tamaño de la operación no elimina la pregunta más sencilla del mercado físico:
¿De dónde viene este oro?
El problema señalado por la investigación es que parte del oro de determinadas zonas venezolanas podría estar relacionado con explotaciones donde existen pagos a grupos criminales.
Y para una refinería occidental eso no es precisamente un detalle administrativo.
Antes de procesar el metal necesita poder justificar que ese oro no está financiando crimen, corrupción o daños medioambientales.
Es decir:
Puedes tener el oro.
Puedes transportarlo.
Puedes meterlo en una cámara acorazada.
Puedes incluso tener compradores interesados.
Pero si la trazabilidad falla…
el metal empieza a pesar bastante más de lo que pone la báscula.
😏
Y esto conecta directamente con algo que os repetimos constantemente.
Cuando un particular compra oro físico, muchas veces toda la atención se concentra en:
“¿Cuánto cuesta?”
“¿Qué tamaño es mejor?”
“¿Es de 24 kilates?”
Perfecto.
Pero existe otra pregunta igual de importante:
¿Qué estoy comprando exactamente y quién podrá reconocerlo mañana?
Refinería.
Número de serie.
Factura.
Procedencia.
Documentación.
Cadena de custodia.
Todo eso puede parecer aburrido cuando compras.
Hasta que llega el día de vender.
Entonces deja de ser aburrido bastante rápido.
😂
Porque la trazabilidad no es una obsesión nuestra ni una manía del sector minorista.
Las grandes refinerías juegan exactamente al mismo juego.
Solo que añadiendo unos cuantos ceros.
Y esta historia lo demuestra de una forma bastante espectacular.
Hay empresas estudiando exportaciones de minerales venezolanos que podrían alcanzar los 2.200 millones de dólares al año.
Pero antes de mover miles de millones…
hay que responder una pregunta que también debería hacerse alguien comprando una onza:
¿Puedo demostrar qué tengo entre manos?
Ese es el detalle que a veces se olvida.
El oro es fungible.
Lo fundes.
Lo mezclas.
Lo refinas.
Desaparece la forma anterior.
Pero la necesidad de demostrar su origen no desaparece con él.
Y cuanto más serio es el comprador que tienes delante, más importa.
Por eso siempre insistimos tanto en comprar metal reconocido, procedente de canales claros y acompañado de su documentación.
No porque el papel valga más que el oro.
Sino porque, llegado el momento…
ese papel ayuda a que nadie tenga que preguntarse qué demonios es ese oro.
Y si hasta una gran refinería puede decir:
“Ese metal no lo toco hasta que me expliques de dónde viene”…
imagina lo útil que es poder responder esa pregunta antes de que te la hagan.
😉
Jesús - Andorrano Insider
P. D. Si quieres darte de baja, puedes hacerlo al final del email. Tranquilo: para esto no te vamos a pedir trazabilidad, certificado de origen ni análisis metalúrgico. 😂
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