Buenos días, Insiders:

Este fin de semana he estado en Singapur.

Los que me seguís por Instagram ya habréis visto alguna cosa.

Aunque realmente Singapur era solo una escala algo más larga dentro del viaje de verano. Pero vi que coincidía con una feria de monedas y numismática y pensé:

Tengo que ir.

Y allí estaba yo, a casi 11.000 km de Barcelona, haciendo una de esas cosas que en mi familia se han convertido casi en una tradición.

Cuando viajamos fuera, solemos llevar alguna moneda pequeña de oro con nosotros.

No para venderla.

Ni porque pensemos que vaya a pasar nada.

Simplemente nos gusta hacer una pequeña prueba: entrar en diferentes tiendas, enseñarla y preguntar cuánto pagarían por ella.

Puede parecer una tontería.

Pero a mí me encanta.

Porque una cosa es hablar durante años de que el oro es reconocido en todo el mundo…

y otra es comprobarlo tú mismo cuando estás al otro lado del planeta.

Esta vez llevaba un soberano.

Los que me conocéis sabéis que tengo debilidad por ellos.

Así que entré en una primera tienda.

Me daban un precio muy, muy por debajo del precio de mercado.

Vale… empezamos bien 😂

En la segunda, la respuesta fue diferente.

Tenían demasiado stock de todo y, sencillamente, en ese momento no podían comprar más.

No era una cuestión del soberano, ni siquiera del oro. Era algo tan simple como que tenían demasiado producto y no querían seguir acumulando más.

Y eso también es curioso.

Puedes llevar oro en la mano, pueden saber perfectamente lo que vale y, aun así, que en ese momento no les interese comprarlo.

Así que pensé:

Bueno, parece que hoy mi querido soberano no tiene demasiado éxito por Singapur.

Hasta que entré en una tercera.

Se lo enseñé.

Lo cogió.

Lo miró.

Hizo sus cálculos.

Y me ofreció precio spot.

¡PRECIO SPOT!

Tal cual.

Me quedé sorprendido.

No tanto por el dinero.

Ni siquiera tenía intención de venderlo.

Fue por otra cosa.

Pensé en lo curioso que era tener en la mano esa pequeña moneda que había salido conmigo de Barcelona, estar a casi 11.000 kilómetros de casa, en un país completamente diferente, con otra cultura, otro idioma, otra moneda…

y que alguien al otro lado del mundo supiera exactamente qué valor tenía aquello que yo llevaba en la mano.

Eso es algo que cuando llevas mucho tiempo metido en el oro puedes acabar dando por hecho.

Pero no deberíamos.

Me quedé un rato hablando con el hombre de la tienda.

Me explicó que allí el soberano no es una moneda especialmente popular. Al ser oro de 917 milésimas y estar aleado con otros metales, tiene menos aceptación que el oro puro, que es lo que ellos prefieren.

Y eso también me hizo pensar.

Porque el oro es universal.

Pero nosotros tenemos que saber adaptarnos.

Lo que funciona perfectamente en España puede no ser lo preferido en Singapur.

En un sitio querrán 917.

En otro buscarán 999.

Uno te ofrecerá muy por debajo.

Otro tendrá tanto stock de todo que sencillamente no querrá comprar más.

Y quizá, unas calles después, encuentres a alguien dispuesto a pagarte spot.

Pero el oro…

el oro sigue siendo oro.

Da igual que estés en Barcelona o a casi 11.000 kilómetros.

Y creo que precisamente por momentos como este sigo sintiendo la misma fascinación por él después de tantos años.

No es únicamente tener algo que vale dinero.

Es saber que llevas contigo algo que no necesita demasiadas explicaciones.

Algo que ha sobrevivido a países, monedas, gobiernos, crisis y generaciones.

Y que, cuando cruzas medio mundo y lo pones encima de un mostrador, alguien lo mira y entiende perfectamente lo que tiene delante.

Quizá por eso tenemos esa “mala costumbre” de llevar una moneda de oro cuando viajamos.

Porque cada vez que hacemos la prueba, de una manera u otra, volvemos a recordar por qué confiamos en él.

Por cierto…

El soberano volvió conmigo.

Después de casi 11.000 kilómetros juntos, tampoco era cuestión de abandonarlo en Singapur 😉

Nos leemos mañana,

Pep — Andorrano Insider

PD: Si estas historias de un señor entrando en tiendas de medio mundo con un soberano en el bolsillo empiezan a preocuparte, puedes darte de baja al final del email. Aunque aviso: el soberano y yo todavía tenemos mucho mundo por recorrer 😂

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