Buenos días, Insiders ☕️
Hoy escribo desde Zaragoza… y lo digo sin rodeos: no he venido a nada de trabajo.
Sí, tengo pendiente una charla/ponencia de metales en la Universidad de Zaragoza… pero eso será otro día.
Hoy estoy aquí por otra cosa. Una quedada de amigos porqueque la vida hay que disfrutarla.
🏰 Zaragoza, 1369: humo, barro… y un golpe que vale un imperio
Cierra los ojos un segundo.
Zaragoza, año 1369.
Calles estrechas. Madera húmeda. Humo pegado a la ropa.
Mercaderes con los dientes apretados. Notarios con cara de “aquí nadie regala nada”.
Y en algún punto… el sonido seco del taller:
Clac.
Clac.
Clac.
De ese golpe nace algo pequeño, redondo y peligrosísimo:
un florín de oro.
No es “una moneda”.
Es un pasaporte internacional.
Porque en la Europa del XIV, el oro no era capricho: era la moneda seria, la que cruzaba fronteras sin discutir demasiado.
Y el florín (el de Florencia) era el estándar.
Así que Pedro IV (el Ceremonioso) hace lo que hacen los poderes cuando quieren respeto:
ponen su mensaje en el metal.
En Zaragoza se acuñan florines entre 1369 y 1372.
Y aquí viene el giro.
⚡️ ¿Por qué se dejó de acuñar en Aragón?
La explicación “bonita” es política: las Cortes pusieron freno y en 1372 prohibieron seguir acuñando.
Eso es real.
Pero la explicación “de verdad” tiene dos capas, y la segunda es la que muchos se olvidan:
1) Política: en Aragón el rey no jugaba solo
El oro no es calderilla. Mueve guerras, deudas, crédito y comercio grande.
Y cuando el rey toca eso, toca el sistema nervioso del reino: la confianza.
Así que las Cortes dicen:
“Hasta aquí.”
2) Economía: Aragón no necesitaba oro para su día a día
Esto es clave.
La circulación monetaria aragonesa dependía muchísimo más de platas y vellones.
¿Por qué? Porque no había el mismo volumen de comercio a gran escala que en plazas marítimas como Barcelona o Valencia.
En Zaragoza el oro era más “mensaje” que “necesidad”.
Y si una moneda no es necesaria, se convierte en un riesgo: distorsiona, crea arbitrajes, genera tensiones… y encima sirve de tentación para el poder cuando aprieta la caja.
En resumen: en Aragón el oro era importante, sí… pero no era imprescindible.
Y lo que no es imprescindible, el reino lo corta antes de que se convierta en problema.
🌊 Entonces… ¿por qué sí se acuñaba en otros territorios de la Corona?
Porque el florín no nace para comprar pan.
Nace para facilitar comercio exterior, especialmente con:
las posesiones italianas,
y las talasocracias (potencias marítimas) con puertos, flotas y rutas.
Y aquí manda la lógica económica con puño de hierro:
si acuñas oro para comercio marítimo, lo acuñas cerca del mar.
Donde hay puertos, donde hay volumen, donde circula mercancía grande.
Por eso tiene sentido que se acuñase en zonas como Barcelona o Valencia:
era la moneda que encaja con su geografía y su negocio.
Y ahora Perpiñán: otro detalle muy jugoso.
Perpiñán ya había acuñado florines antes, con Jaime III.
Y no fue un paseo: hubo quejas fuertes (Francia y también nobles catalanes) por el tema de las “restricciones” y el derecho a acuñar oro allí.
O sea: incluso donde era lógico acuñar, había política, celos y fricción.
Pero, aun con fricción, Perpiñán y la costa tenían algo que Zaragoza no tenía:
la necesidad comercial directa del florín.
🧠 La paradoja que me encanta
Se llamaban “florines de Aragón”… pero muchas veces no se labraban en Aragón.
Porque “Aragón” era la marca de la Corona.
La etiqueta de potencia.
Pero la ceca… la elegía la realidad:
puertos + comercio = oro
interior + vida cotidiana = plata y vellón
Y ahora sí: si me ves por la calle del Tubo, me paras.
Charlamos de metales con una 🍺 en la mano… y te prometo que el único “oro” que voy a pedir es que no me hagas hablar de tipos de interés un domingo 😄🍻
Un abrazo,
Jesús - Andorrano Insider
P.D. Si te quieres dar de baja, puedes hacerlo al final del email. Aragón también decidió darse de baja del oro. 😄
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